El dolor lumbar crónico es una grave problemática de salud pública de alcance global, productor de sufrimiento y discapacidad, así como de elevados costos económicos para los estados. La incidencia actual se estima en un 5% a 10%, con una prevalencia de por vida que oscila entre 60 y 90%. El 50% de los casos se resolverá de forma espontánea en dos semanas, y hasta un 90% a las 6 semanas, sin embargo un grupo importante desarrollará dolor crónico.
Estamos frente a una condición médica costosa e incapacitante cuyo comportamiento epidemiológico muestra un nivel de expansión inquietante, superando en ocasiones todo nuestro arsenal terapéutico y diagnóstico para posicionarse como causa líder de discapacidad laboral a nivel mundial durante más 30 años. Los neurocirujanos y ortopedistas, luego de una extensa formación, estamos entrenados para dar resolución quirúrgica al 15 a 20% de las lumbalgias, refiriéndonos a aquellas cuyo fundamento etiológico corresponde a patologías específicas y puntuales, tales como las hernias discales, la estenosis de canal, la inestabilidad clínica, las deformidades, los traumas y los tumores, con honrosos resultados; el resto corresponde a lumbalgias inespecíficas, un estado nebuloso y confuso donde se superponen una serie de condiciones médicas, psicológicas y sociales que convierten la evaluación y el manejo de esta condición en todo un reto espartano, ya que las imágenes médicas, la sintomatología y el examen físico pueden, en ocasiones ser completamente divergentes, lo cual plantea un desafío a nuestra forma tradicional de entender y practicar la medicina.
La mayor parte de la bibliografía disponible en la actualidad apunta en una sola dirección: El manejo efectivo de la patología dolorosa lumbar y espinal en general debe ser integral y multidisciplinario, dando participación conjunta a fisiatría/rehabilitación, psicología/psiquiatría, medicina del trabajo, reumatología, medicina del dolor y al cirujano espinal, se necesita del concierto de un grupo variado de saberes y capacidades que aborden la problemática desde todos los frentes posibles y de forma simultánea.
Una de las alternativas emergentes que vienen a engrosar nuestro arsenal terapéutico son las técnicas intervencionistas para el control del dolor, lo cual consiste en una serie de procedimientos de mínima invasividad que buscan la mejoría de los síntomas a través de la interrupción del ciclo natural del dolor, logrando esto mediante la destrucción o modulación de las pequeñas fibras nerviosas que captan la señal dolorosa desde los lugares en donde se originan para conducirlas hasta la corteza cerebral, en donde la experiencia del dolor se hace consciente, para esto se utilizan medios físicos como la electricidad, que pueden destruir la terminación nerviosa mediante la generación de calor o creando campos electromagnéticos intensos en la proximidad del nervio los cuales modifican su comportamiento. También se utilizan agentes farmacológicos que pueden bloquear la transmisión nerviosa, algunos de forma temporal, como los esteroides y anestésicos locales; y otros de forma permanente, como los neurolíticos (p.ej. Fenol, alcohol, glicerol). Entre estas técnicas también se incluye la cementación vertebral, para el manejo de fracturas vertebrales osteoporóticas y tumorales generadoras de dolor; las adhesiólisis peridurales, para el control dolor espinal producido por fibrosis y adhesiones; y la colocación de neuroestimuladores y bombas intratecales, para el manejo de síndromes dolorosos de difícil control, como el síndrome de dolor espinal posoperatorio persistente.
A través de estas técnicas podemos tratar síndromes dolorosos espinales tales como:
- El dolor originado en las articulaciones facetarias, aunque muchas veces subvalorado, constituye el 15 al 45% de todos los casos de dolor lumbar crónico, la osteoartritis facetaria es la principal causa, los pacientes experimentan dolor y rigidez lumbar que limita los movimientos de extensión y rotación, y se distribuye en las regiones glúteas, lumbares y de extremidad inferior sin pasar más allá de la rodilla, puede imitar en ocasiones cuadros radiculares. La evaluación médica estricta puede elevar nuestra nivel de sospecha sobre la presencia de la patología, los bloqueos articulares lo confirman; las imágenes diagnosticas no siempre son coherentes con el cuadro clínico. La termólisis del nervio facetario mediante la radiofrecuencia, es el tratamiento de elección con nivel de evidencia II de acuerdo a la American Society of Interventional Pain Management.
- Dolor sacroiliaco: Se origina en la articulación Sacroiliaca, formada entre el hueso sacro y los huesos iliacos, ubicada en el segmento más inferior de la región lumbar, llega a constituir hasta el 25% de todos los casos de dolor lumbar crónico; la osteoartritis, los traumas, los embarazos, las fijaciones vertebrales, la asimetría en la marcha, etc pueden generar la enfermedad y el dolor. La denervación por radiofrecuencia de esta articulación puede brindar alivio prolongado a los pacientes afectados.
- Dolor neuropático compresivo: Producido por procesos irritativos que involucran una o varias raíces nerviosas, generalmente relacionado con hernias discales lumbares o estenosis de canal; 10 a 20% de la población lo sufre actualmente y entre un 13 y 40% lo experimentará en algún momento de sus vidas, se caracteriza por dolor severo acompañado de sensación de calambre o electricidad que recorre la extremidad inferior extendiéndose generalmente hasta el pie. La Radiofrecuencia pulsada del Ganglio de la Raíz dorsal puede aportar niveles significativos de mejoría de duración variable, en escenarios donde otros métodos no han sido suficientes.
Las técnicas intervencionistas y mínimamente invasivas para el control del dolor de origen espinal, se erigen como una herramienta útil y segura para asistir a pacientes aquejados de cuadros dolorosos refractarios cuando los métodos más conservadores han fallado y la cirugía convencional no es vista como una opción. Son procedimientos rápidos, seguros, ambulatorios y de bajo nivel de riesgo que han venido a enriquecer nuestro arte, aportando nuevas y mejores alternativas a los pacientes; la ciencia avanza a pasos agigantados, la investigación y la inventiva no se detienen y el intervencionismo se perfila como una maravillosa promesa para nuestra practica hoy, pero aún más brillante para los días por venir.
Dr. William Del Rosario Martinez.
Neurocirugía / Terapia Intervencionista del Dolor